

Había una vez una niña llamada Ana que amaba pasar tiempo en la azotea de su casa. Allí, podía ver todas las estrellas y sentirse libre y sin preocupaciones.
Un día, mientras se sentaba en la azotea con su gato Luna, Ana vio una estrella que parecía tener una carita simpática. La estrella le sonrió y le dijo: «Hola, soy una estrella llamada Twinkle y he venido a decirte hola».
Ana no podía creer lo que estaba viendo y se quedó sin habla. Pero Twinkle le dijo que no tenía que tener miedo y que podían ser amigos.
Así que Ana y Twinkle comenzaron a hablar y a contarse sus historias mientras Luna dormía a sus pies. Twinkle le contó a Ana sobre las aventuras que había tenido en el cielo y Ana le contó a Twinkle sobre sus sueños y deseos.
Pasaron horas charlando y riéndose juntos. Fue una noche mágica que Ana nunca olvidaría.
Cuando finalmente llegó el momento de despedirse, Twinkle le dijo a Ana: «Tendrás que volver a verme pronto. Solo tienes que mirar al cielo y pensar en mí, y vendré a verte».
Ana sonrió y le dio las gracias a Twinkle por su increíble noche. Desde entonces, Ana siempre miraba al cielo y pensaba en Twinkle cuando quería tener una noche mágica.
La moraleja de esta historia es que a veces las cosas más increíbles pueden suceder cuando menos lo esperamos. Si mantenemos una mente abierta y estamos dispuestos a hacer nuevos amigos, podemos tener experiencias mágicas y divertidas que nunca olvidaremos.


